No vuelvo a rebuscar carbón a la escombrera.
Mamerto octubre de 1971
El primer día de trabajo llegué unas dos horas antes, todavía no había abierto las puertas el guardia jurado. Ramón llegó también muy temprano y después de las presentaciones comenzamos a cambiar impresiones y temores. Fuimos pronto a la casa de aseo y nos cambiamos rápido. Estábamos excitados y nerviosos y empezaron a llegar los compañeros veteranos con parsimonia, cansancio, eran todos mayores, alguno realmente viejo. Zamporraes arrastrando aquellas manoplas por el suelo, Oviedo sordo como un muro y con una fuerza sobrehumana, Pepe Deos con la mala hostia de siempre y sin los cuatro dedos de la mano derecha, La Muerte que estaba ya sucio antes de empezar a trabajar, Antonio Asaura protestando desde antes de entrar en la casa de aseo, La Berza con sus cagamentos piadosos que perseguía a Ñuedos para que se duchara porque la última vez fue en presencia de la comadrona, Arquímedes el rubio llamando "fascista" a todo quisque que no fuera del soma y Arcadio, su hermano, maldiciendo para acojonar a los nuevos , nosotros, y a los antiguos, Madera con el tupé de rockabilly y su chulería que no encajaba en aquel cuadro, Antonio el del rebose con su chispa de terry a domicilio y a su bola, Amadorín Puntadoro que acababa de traer a una chavalina de Bilbao con un bebé y con ese ya eran cuatro los hijos de otras tantas mujeres vacilando de conquistador. Ramón y yo sudábamos y nos mirábamos incrédulos. Aquello no podía ser real. Luego llegó el vigilante y nos llevó a conocer el lavadero y a presentarnos a los compañeros en los puestos que cada uno ocupaba, desde la fosa hasta los filtros pasando por la criba de la madera, las cajas del menudo, el cargue, la báscula y el laboratorio. A media mañana nos asignó al basculador después de comer el bocadillo. Estábamos todos un poco nerviosos y comíamos calladamente y entonces Ñuedos empezó a preguntarnos un poco a cada uno, con retranca de Carrocera: - ¿Guaje, tienis moza ho? Y yo que la tenía y estaba muy enamorado contesté que sí con ingenua vehemencia. –¡Así será ella! Sentenció aquel troll que miraba a dos sitios a la vez y se reía como un poseso. – Nun-i fagas casu, guaje, si hubieras dicho que no tenía también respuesta a ti quien te va a querer. Jose Antonio deja en paz a estos chavales y vete a coger la muestra que anda por ahí la Berza preguntando por ti. Aquel día fue terrible o al menos así lo recuerdo. Ahora cuando cruzo la pasarela sobre la as-17 para ir a dar el paseo hasta Piñera y veo el enorme agujero donde van a edificar el centro comercial no puedo olvidarme de aquellos compañeros que hacían funcionar el lavadero con cotón y un alambre para pasmo de los técnicos alemanes que trabajaban en la instalación de alguna máquina y que no encontraban en ningún libro aquella extraña unidad de medida que utilizaban los lavadores asturianos "un pelín".
Casimiro Palacios