Cuando, en el alba de nuestra prehistoria, los primeros homínidos se irguieron sobre sus cuartos traseros para poder coger fruta de los árboles y alimentarse o para ver mejor el horizonte y descubrir al enemigo que les acechaba y defender su territorio, seguro que no podían pensar que ese salto cualitativo en la evolución iba a hacerse indigesto para sus descendientes miles de años después. Si algo nos diferencia del resto de animales, con los que compartimos la tierra, aunque creo que hay veces que el planteamiento que pretendo identificar no se cumple, es que podemos razonar con los de nuestra especie. Tenemos la capacidad de usar fonemas para gestar el habla, pero racionalmente, no como los loros y papagayos, que “vomitan” lo que sus dueños les instruyen, por repetición.
Esta virtud de entendernos y respetar a los demás, es el pilar básico en el que se asientan la Libertad y la Democracia; a la sazón éstas, piedras angulares de nuestra Carta Magna, nuestra Constitución, forjada a través de los tiempos, una y mil veces, a golpe de errores, fustigada por látigos que azotaron la razón de los justos, herida por la daga de la ignorancia, en la sangrienta mano del pretoriano, de turno, que asaltaba el Senado o amedrentada por la pistola de un militar de gatillo flojo y pingüe cerebro.
Partiendo de esta premisa y viendo la complejidad con que se enfrenta la sociedad del siglo XXI, debemos plantearnos nuevos métodos, más ilusionantes, capaces de identificar a los individuos como ciudadanos responsables, respetuosos con todos aquellos a los que les ha tocado compartir camarote en esta nave rumbo a lo desconocido.
Como habitante del mundo me preocupo por el caos que se está desatando a nivel global, por la crispación con la que se pretenden solucionar los grandes problemas sociales y los pequeños avatares del día a día. Como formador creo en un compromiso que busque una sociedad justa y libre para nuestros jóvenes; y la debemos alimentar cocinando platos, compuestos por solidaridad, tolerancia, igualdad, compromiso y demás valores humanos, hoy quizás en desuso. Todo esto ya lo soñó, el educador escocés, A. S. Neill y lo puso en funcionamiento, en 1921, creando Summerhill, academia que defendía la idea de que los niños aprenden mejor libres de los instrumentos de coerción y represión usados por la mayoría de las escuelas. Todas sus aulas son opcionales, los alumnos pueden escoger las que desean frecuentar y las que no. Neill estaba convencido de que "un niño debe vivir su propia vida, no la que sus padres quieran que viva; ni una decidida por un educador que supone saber lo que es mejor para aquél". Que lejos estamos hoy de esta fe; incluso de querer ponerla en marcha. Establece que la principal meta de una escuela debe ser auxiliar a sus alumnos para que estos sean capaces de encontrar la felicidad propia
Hay una asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía”. Quizás su nombre no sea el más apropiado; yo la hubiera llamado “Educación en Libertad” o “Educación Social”; pero, sea cual sea su denominación, los fundamentos son muy interesantes, para vivir o sobrellevar la catarsis existente en un mundo actual que debe buscar modelos de comportamiento nuevos; es decir, paradigmas más globales y humanos. Muy lejos de adoctrinar, como algunos piensan, esta asignatura tiene marcado carácter plural, programada en la tolerancia y comprometida socialmente. Algunas de sus unidades didácticas son: Educación vial; respeto hacia los demás; comprensión de las diferencias; compromiso por el desarrollo sostenible y el medio ambiente; la familia, como unidad elemental de la sociedad; etc.
Si observamos con detenimiento y objetivamente, es un temario neutro, nada subversivo, que no adoctrina, solo pretende, formar personas en libertad y comprometidos en la mejora de la sociedad. Donde se demuestra que conocer el mundo, en el que vivimos, y los errores cometidos en el pasado, es la mejor forma de no repetirlos.
A caso las personas no tienen derecho a ser felices. ¿No puede aquél al que le gusta comer pasteles, degustar un buen postre de chocolate con nata?. Si otra persona es diabética, sabe que no los puede “catar”, pero ello no significa que esté en disposición de hacer lo posible par impedir que los demás disfruten de aquello que les deleite. Y si aquél al que le gustan los pasteles, viviendo solo o en compañía de otro de igual paladar, quiere adoptar a un niño ¿ por qué no debe... Si tiene “plata” y capacidad suficiente para ello? Igualmente; el diabético o el celíaco, si quieren, deben de poder adoptar. En fin; una sociedad en la que golosos, diabéticos, celíacos, inmunodeficientes, vivan en paz y disfruten de aquellas viandas que gusten.
¿A qué vienen estas crispaciones? De verdad no lo entiendo. La Democracia permite a los individuos vivir en Libertad, capacitándolos para desarrollarse como personas, sin cortapisas, para que de esta forma la sociedad sea plural y respetuosa con los que no son como nosotros.
Para Pitágoras “ Sólo a partir de un correcta educación social de los niños, podremos tener hombres honestos...” Y ya llovió; oye!. El matemático griego hace mucho que fue a la “mili”. Bueno, creo que hasta la hizo con lanza.
Para terminar; como soy un provocador, os propongo unas reflexiones:
- En los últimos años, estamos rebasando la centena de muertes causadas por la violencia doméstica y de género. Incluso parece que los datos, terriblemente alarmantes, nos dejan ya fríos y sin capacidad de asombro. Si educásemos a nuestros menores en la igualdad y contra la discriminación, seguro que el número de fallecidos, mujeres en su mayor parte, se reduciría; y ya nadie actuaría bajo el irracional “Si no yes mía, no vas ser de naide…”
- La nueva normativa de tráfico y las barreras arquitectónicas, en las calzadas, no han conseguido paliar, como se esperaba, la pandemia de muertes en la carretera. Sigue habiendo conductores que se dejan el zapato, y algo más, a 200 km por hora y bordeando el coma etílico, en zonas donde no se puede pasar de 50. Las glorietas, rotondas y badenes son usadas por “fernandoalonsos”, de tres al cuarto, como divertidos obstáculos en sus carreras ilegales e irresponsables. Pregúntenles a los verdaderos profesionales del volante, los transportistas y conductores de autobús, para qué sirven. Les dirán que para entorpecer al circulación
- El consumo de drogas, incluido el alcohol y tabaco, no se reduce; más bien se desplaza de unas anticuadas a otras más “in” en este momento. Y se nota una alarmante reducción en la edad de iniciación al consumo.- La xenofobia y sus bastardos principios, en escalada alarmante, hacen creer a los jóvenes que el distinto o de otro país, es un enemigo a erradicar. Mi abuelo Gerardo decía, mediados de los setenta: “En el año dos mil, la gente va a comese unos a otros…” Hombre, no es que veamos a caníbales con mondadientes escarbando entre sus muelas para arrancar los restos de ropa de sus víctimas; pero…¡Cuántos depredadores sociales hay camuflados con pieles de cordero...!
Heri Gutiérrez García