viernes, 25 de julio de 2008

A la caída de la tarde (japonesa)

A la caída de la tarde (japonesa) era cuando salíamos a fumar unos cigarrillos clandestinos y charlábamos de todo lo humano y lo divino, era cuando confabulábamos y pretendíamos arreglar aquel mundo gris y triste que nos rodeaba. Cada uno en su casa escuchaba las opiniones de los mayores y, en general, no diferían mucho pues todos vivíamos en una barriada de mineros, aislados del resto del pueblo por una playa de vías del ferrocarril y distintas propiedades cerradas con muros. Al Japón se accedía por la carretera general a través de la Travesía de Colón, por el callejón del Manco o atravesando las distintas vías férreas: la playa del ferrocarril del Norte, el ramal que entraba en los Talleres de Santana o el ramal que entraba en la escombrera urbana de Fradera (que utilizábamos como infernal campo de fútbol y en otros tiempos fue plaza de toros o lugar para los diferentes circos que se acercaban al corazón de la Cuenca Minera). Los pasos por las vías eran estrechos, casi pasadizos, aunque los japoneses los conocíamos a la perfección. Entre la escuela y la huerta de Faela, frente a Radio Marte había un paso de una persona; por la portilla del Recorrido de RENFE se podía cruzar, pasando por detrás de la Panadería La Palma por la zona de las cuadras y atravesando el patio del Grupo Escolar Saturnino Menéndez; por Fradera se accedía por la caseta del guardagujas y luego pasando detrás de los Talleres Armón para saltar el muro que nos intentaba separar de las vías de RENFE, sin mucho éxito dicho sea de paso. Este aislamiento se sumaba al otro, el social. En el Japón todos eran mineros, o casi todos, que también el anterior régimen había incrustado algún observador privilegiado que seguía las vicisitudes de aquellas ochenta familias con ojo avizor y oído de tuberculoso, pero bueno. Por otra parte burgueses en un sentido estricto casi no había, salvo un par de tenderos. El análisis de la situación general y la particular difería en la intensidad de juicios dependiendo de la tendencia política moderada o radical de los padres. Así que aquellos atardeceres de finales de primavera, cercanos al solsticio de verano, resultaban agradables y excitantes con aquellas charlas, que nosotros pretendíamos clandestinas y revolucionarias.
Aquella mañana estaba destemplada, cruzamos por el paso que había al lado del bar El Triste casi tiritando, debajo del depósito de agua para las locomotoras de vapor y seguimos por la calle de atrás hacia la Casa Sindical. A la altura de la casa de los curas nos sorprendimos con una pintada que decía Fuenterrabía: Juan Carlos asesino y un respingo nos sobresalto a tan tempranas horas. Cuando nos encontramos con los que venían de La Cascaya y Bédavo, con los de La Vega y El Coto comentamos muy alborotados lo que habíamos visto, pensando que sería excepcional, pero todos venían igual. El Entrego había amanecido lleno de pintadas contra el gobierno y el régimen porque había un fermento revolucionario importante. Desde los jóvenes comunista de la UJCE, los maoístas de la ORT, los trotskistas de la LC y de su escisión LCR, gente del PT, con los militantes del PCE y los del PSOE, algunos cristianos de base y los curas del pueblo que también pasaban por ser rojos a los ojos de las fuerzas más reaccionarias de la parroquia y a los de la Guardia Civil. Fue una época de efervescencia que coincidía con nuestra recién estrenada adolescencia. Los mineros estaban encerrados en la iglesia y el ambiente estaba tan cargado que cualquier cosa podía hacer saltar por los aires la situación. Por el pueblo se veían personas extrañas, policías de la antigua Brigada Político-Social, ultras de los Guerrilleros de Cristo Rey pululaban por las noches dando sustos y violentos escarmientos a quien osara cruzarse en su camino, así que la gente corriente tomaba precauciones y al anochecer parecía decretarse un toque de queda tácito. Pero los adolescentes, con nuestra inconsciencia, propia de la edad, lo vulnerábamos en busca de emociones más excitantes. Por aquellos días acudimos a una manifestación en la plazoleta de la Iglesia donde los mineros y la gente en general se reunieron en apoyo a los encerrados y donde los grupos de la policía antidisturbios llegaron enseguida. Del interior del templo salió con la cabeza abierta un chivato de la policía que había sido descubierto con una grabadora y al que tiempo después sus propios compañeros de taller volvieron a agredir con violencia, y quedamos descompuestos porque era vecino nuestro, era un hijo de Magutu, pero no nos extrañó demasiado porque si salía a su padre tenía que ser un gran hijo de puta y parecía que este hecho así lo demostraba. Cuando el oficial que mandaba aquellas fuerzas conminó a la gente a que se disolviera nadie hizo el menor movimiento y el aire se electrizó de una forma indescriptible, en el siguiente momento los grises empezaron con la carga y se encontraron que ante su violencia gratuita, pues la concentración era pacífica, les empezaron a llover tiestos con plantas, ladrillos, sus propias pelotas de caucho una vez recuperadas por los más jóvenes manifestantes. No se esperaban una reacción así y por eso luego se desató una sorda persecución a los dirigentes polticos y sindicales que se significaban más en las asambleas en los pozos o en las obras (en aquellos momentos se estaba fraguando la gran huelga de la construcción), tanto por la policía como por los grupos parapoliciales. Nosotros volvíamos a nuestra isla y cuando la situación lo requería ayudábamos a los incautos que escapando de los grises llegaban al Japón y luego no encontraban las salidas. De tarde, después de cenar, salíamos a charlar y fumar, a sentirnos mayores opinando entre iguales. Recuerdo que comentábamos el todavía reciente asesinato de Salvador Allende en Chile, y la rabia que se sentía, el odio por aquel dictadorzuelo de opereta y traidor, que había venido al entierro de Franco y que había asesinado vilmente a tantos compatriotas, incluido Víctor Jara el cantautor. Y la ilusión que nos crecía pensando que en España era posible una revolución como la de los claveles, con un grupo de militares jóvenes y que querían devolver el poder a la soberanía popular. El capitán Otelo Saraiva de Carvalho era, y es, un héroe, como Maia o el contralmirante Rosa Coutinho. Con su Movimiento de las Fuerzas Armadas fueron capaces de derrotar una dictadura más longeva que la nuestra y tan triste, como poco, como la de Franco y nosotros creíamos que debíamos estar preparados y listos para la lucha final.
No recuerdo bien quien trajo a colación al Ejército Revolucionario de los Pobres que estaba activo en la Argentina del presidente Héctor J. Cámpora, el breve, y luego en el nuevo periodo de Perón y su Mª Estela, y todos convinimos en que aquí se daban las condiciones para un remedo del mismo. La fase de acopio de explosivos dio comienzo de inmediato y a los pocos días ya teníamos en nuestro poder unos seis cartuchos de dinamita con los correspondientes detonadores. Se convocó una reunión ultra secreta para diseñar los siguientes pasos y los objetivos prioritarios y resultó un desastre no anunciado. El pavor se extendió como una mancha de aceite y la célula murió nonata. A la vista del explosivo no nos cagamos en los pantalones por pura vergüenza pero dimos fin a nuestra aventura revolucionaria sin necesidad de acción policíaca alguna. El compañero encargado de la logística y que se había jugado el tipo para conseguir la goma 2 no daba crédito a la desbandada general y entre insultos y amenazas se fue furibundo. El resto seguimos con nuestras vidas camino de la juventud, amarrados a las rutinas propias: estudios, discotecas, descubrimiento de las drogas y el rocknroll, persecución de chicas, ingreso en partidos políticos legalizados; aquel compañero nuestro se diluyó en el mismo torrente que nosotros pero no lo volvimos a tener como amigo. Al poco tiempo se enganchó al caballo y muy poco después y tras varias confiscaciones a amigos y desconocidos apareció flotando en el embalse de Tanes. Después el olvido. Tendremos que sembrar la memoria para que no crezca el olvido.

En el Japón, El Entrego a 16 de enero de 2008


Casimiro Palacios

martes, 22 de julio de 2008

Dos poemas de Alberto Vega y algo más

Manifiesto


La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.
Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.
Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.
Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.
Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.
He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

• Alverto Vega:
Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-
• 56 páginas.



Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:
«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

Fuente http://pandiellayocio.wordpress.com/

EN EL CALOR DEL VERANO

No es la primera vez que, teniendo preparada una columna, la realidad del momento me obliga, de alguna manera, a sustituirla por otra. Casi siempre por que la actualidad sacude a la opinión pública con aguijonazos de avispa africana, terriblemente mortal para el que la sufra. Tenía pensado hacer un análisis sobre el nuevo modelo de financiación autonómica propuesto recientemente para nuestra piel de toro, y como nos puede influir en Asturies. O incluso, y con su permiso, iba a pisar el terreno mercuriano del gran amigo Alejandro de Ancos, atacando a los organismos deportivos internacionales por no permitir participar en los Juegos Olímpicos, a Óscar Pistorius, un joven atleta surafricano, corredor de 400 metros lisos al que le faltan las dos piernas, de rodilla para abajo, amputadas por una malformación a los pocos meses de vida. Pues bien; para no ir más allá, deciros que no se le permite competir por que, supuestamente, sus prótesis le ayudan a correr y le favorecen en la vuelta al anillo; parando el crono, como marca de este año, 46,25 segundos. Tan solo a medio segundo de la mínima olímpica A para participar en los Juegos, un atleta digamos “normal”. La realidad es bien distinta; pues debéis saber que los que lo hacen en iguales condiciones a él, es decir con prótesis, realizan muchos segundos más. Quizás las hipotéticas ayudas a las que los organismos se refieren están instaladas en su cerebro, como la capacidad de superación, casta y orgullo de atleta. Todos los “profesionales” del atletismo sabemos lo que cuesta correr un “cuatro” – vuelta completa a una pista que rodea un campo de fútbol -. Os aconsejo que lo intentéis; incluso aunque sea alrededor de los límites de un campo; sin pista. Así “ta” el mundo; luego queremos que haya deportistas y que la actividad deportiva se instale como referente principal en el ocio de las sociedades actuales.
Pero volvamos a la realidad. A finales del mes pasado han surgido varias noticias que me han conmocionado. La primero; se refiere a la enésima muestra de violencia con que ETA ha dejado patente sus extrañas pretensiones. No entiendo por que los seres humanos no somos capaces de llegar a elaborar sistemas democráticos en los que todos vivamos en Paz. Sólo así se pueden eliminar los radicalismos, intransigencias y asaltos a la Libertad individual y colectiva. ¿ Seremos incapaces de vivir en sociedad? ¿ Podremos llegar a pensar algún día, en mejorar lo global, actuando racional y correctamente desde lo local?. Por ahí queda la idea; pues doctores tiene la Santa Madre Iglesia
Otra catarsis del subconsciente colectivo, surge en una televisión, a altas horas de la noche, cuando se proyectan fotos de un par de jóvenes gitanas rumanas, de 11 y 13 años, en la flor de su desgraciada y marginal vida, y que no importa a nadie, yacidas muertas en una playa de Nápoles, Italia, bota de Europa y parte del Primer Mundo ¿desarrollado?. Rodeadas de turistas, que toman baños de sol y de mar, sin preocuparles los cadáveres de las jóvenes, que además de ser romanís, son rumanas...Y el “molín; moliendo...” y la justicia social sufriendo.
En la tercera; no como los “perjúmenes” que cantaban Carlos Mejía Godoy y sus “Chicos de Palacahuina”, si no más bien, como el tercero de los cuatro, jinetes del Apocalipsis, aparece un Psiquiatra serbio, amante de la poesía. Hasta aquí; nada hace presagiar la inclusión del galeno en las filas de la sinrazón. Pero si os doy su nombre, y las actividades que desarrolló, lejos de la medicina, a principio de los años noventa, os parecerá normal, que lo tilde de abanderado de la misma. Me refiero a Radovan Karadzic, presidente de la república Serbobosnia durante 1992 y 1995. Fue culpable del asedio de Sarajevo y de haber autorizado los disparos contra civiles durante los 43 meses, donde fallecieron miles de bosnios musulmanes y croatas. Cuatro meses después llegaría la acusación de genocidio por organizar la matanza sistemática y premeditada de los hombres musulmanes refugiados con sus familias en Srebrenica, al este de Bosnia; donde además se vio salpicado, por permanecer impasible y de “brazos cruzados” un contingente de cascos azules de la ONU, cuyos comandantes y altos cargos fueron así mismo condenados, por permitir el genocidio....
Y aunque no nos demos cuenta; o no queramos hacerlo, por que si no la existencia que disfrutamos, plagada de hipotecas y esclavizados por el trabajo, las deudas y el difícil peregrinar por el desierto hasta llegar al fin de mes, podría verse vulnerada más todavía, existen, ahí fuera, como decía Malder a Scully, en “Expediente X”, muchas más verdades, tornadas en calamidades sociales; creídos “hijosdalgo” e individuos que “despotrican” contra los demás, cuando lo que deberían es mirarse al espejo, de vez en cuando, so riesgo de romperlo al reflejar algo que nos les guste. Por ello, como siempre, amigos míos, Carpe Diem.
Heri Gutiérrez