viernes, 8 de agosto de 2008

UIO-BOG EsTuDiOs SoNoRoS dEsDe La ReGiÓn AnDiNa libro y sonografía de Mayra Estévez Trujillo


Centro Cultural Benjamín Carrión, Quito.Calle Jorge Washington 909 y Páez,martes 5 de agosto, 19h00.Comentarán la publicación: Catherine Walsh (Universidad Andina Simón BolÍvar),Jaime Cerón (Curador Independiente) y Rómulo Moya (Trama Ediciones).Intervenciones sonoras en vivo: Iris Disse, Jorge Espinosa, Mateo Herrera,Fabiano Kueva y Christian Proaño.UIO-BOG EsTuDiOs SoNoRoS dEsDe La ReGiÓn AnDiNaes una publicación bilingüe (castellano - inglés), que indaga sobre los lugares de las prácticas artísticas con sonido, tomando como referente: Quito y Bogotá. El diálogo quese suscita con y desde estas prácticas, se alimenta de postulados teóricos y conceptuales, de proyectos provenientes de los Estudios Culturales Latinoamericanos como el proyecto epistémico Modernidad-Colonialidad; Los Estudios Postcoloniales y Los Estudios de la Subalternidad, dando como resultado un modelo interpretativo que contribuye a la agenciabilidad política de las prácticas artísticas con sonido, así como a la desnaturalización del sonido como un "fenómeno físico y estético" inocente, para avanzar sobre temas relacionados con geopolíticas de conocimiento que se articulan sobre la base del uso social del sonido, que desestabilizan los regimenes de representación, poder y conocimiento que operan como dispositivos de control y disciplinamiento a nombre del arte.UIO-BOG EsTuDiOs SoNoRoS dEsDe La ReGiÓn AnDiNaincluye un amplia sonografía en dos discos compactos que cuenta con presencias como: AC y DC - Carlos Bonil, Mauricio Bejarano, Héctor Buitrago, Freddy Jimenez, Iris Disse, Jorge Espinosa, Nelson García, Fabiano Kueva, Mesías Maiguashca, Carlos Motta, Jacqueline Nova, Lucho "Pelucho" Enríquez, Julián Pontón, Mauricio Proaño, Christian Proaño, Ana Romano, Juan Leal Ruiz e Icaro Zorbar.UIO-BOG EsTuDiOs SoNoRoS dEsDe La ReGiÓn AnDiNase presentará en la ciudad de Bogotá el próximo 27 de agosto y el 11 de septiembre en el marco de la 7ma Bienal Internacional de Radio, México 2008.Mayra Estévez Trujillo es Magister en Estudios Culturales, artista, escritora, investigadora y docente universitaria. Fundó junto al artista Fabiano Kueva el colectivo Películas La Divina (1992-1998). Miembro del Centro Experiemental Oído Salvaje, colectivo de arte sonoro + radial desde 1996. Diseñadora de sonido de varias estaciones radiales latinoamericanas. Premio en la IV Bienal Internacional de Radio, México 2002. Premio Nacional de Periodismo Símbolos de Libertad, Ecuador 2002.Esta publicación del Centro Experimental Oído Salvaje cuenta con el apoyode la Fundación Príncipe Claus, Holanda.Información Quito, Fabiano Kueva: oidosalvaje@yahoo.com / 09-716-7782Información Bogotá, Mayra Estévez: estevezmayra@hotmail.com / 0057-316-756

miércoles, 6 de agosto de 2008

PUNTO TRES; NORMA CINCUENTA DEL C.O.I.

Los Juegos Olímpicos, de 2008, a celebrar en Pekín, han estado mellados, desde antes de su inicio, por cuestiones políticas, y críticas contra la ausencia de Libertad y de garantías Democráticas en el país organizador, China. Recordemos que, obviando ya el tema del Tibet, todos los años se consuman más de dos mil ejecuciones públicas, no hay partidos políticos y la Comisión de los Derechos Humanos tiene al gigante asiático en su punto de mira. La gran cita, que se celebra cada cuatro años, el gran circo deportivo que es, parece ver raídas sus lonas y podridas sus jaulas, con el consiguiente riesgo de que las fieras se escapen y nos den un disgusto. Elegir una nación como sede para su organización debe ser una concienzuda labor, donde los que recapacitan para su nombramiento no pueden sucumbir ante cuestiones mercantilistas, políticas o del poder fáctico de ciertos grupos. Recordemos que los Juegos de Atlanta fueron “ganados” por y para la marca de la “chispa de la vida”.
Para un deportista; y aquí se desparrama y emociona la gran parte de mi ser que lo es; participar, en una edición, es el sumun de su actividad; de toda una vida y el sueño más buscado; por ello se “machacan”, horas y años, durante la Olimpiada, o periodo que separa cada edición de Juegos Olímpicos. De ahí que sea difícil que puedan “apreciar”, en la mayor parte de los casos, cuestiones ajenas al deporte. Recuerdo, por el contrario, una frase de Maradona, criticando la elección de ciertos entornos como sedes de campeonatos deportivos diversos. En ella, “el pelusa” ponía el ejemplo de, en sus palabras “el flaco” Cruyff, que no había querido participar en el mundial de Argentina con el régimen dictatorial y militar de Videla. Aunque por aquella, el joven Diego, no pudo entenderlo. Pero un deportista, sobretodo, es una persona que debe comprometerse con lo social y políticamente justo, por que estamos vivos; no ceñirse a ser una marioneta en manos de sus propios gobiernos, que vetan o participan en las distintas ediciones, según sus intereses. No en vano; algunos son nombrados embajadores de Naciones Unidas, UNICEF, Premios Príncipe e Asturias o Nobel. Y deben desarrollar este valor añadido hasta el extremo; siendo coherentes con el compromiso de desarrollo humano y, aunque nos cueste, intentando poner coto a este desenfreno abismal que se cierne sobre todos los ámbitos por los que campa el ser humano. Salvo que todo esto solo sea una sencilla campaña de marketing; orquestada para vender más o ganar adeptos entre los países pobres. Claro; es muy difícil que un deportista anónimo, de un país perdido en los atlas del subdesarrollo, pueda individualmente hacer algo; pero seguro que si todas las primeras espadas, del deporte mundial, se plantan ante las injusticias, el equilibrio mundial, comenzaría a gestarse. Si no, seguirán produciéndose desmanes, despropósitos y violaciones contra las personas y la soberanía internacional; a la vez que idearemos bastardos parches que maquillen sus nefastos resultados, temporalmente.
Como, a pocos días del comienzo de los presentes Juegos, la prensa internacional desembarcada, en Pekín, ha rebotado información e imágenes, a espuertas; el gobierno central dotará de compañía militar a los periodistas y comunicadores varios durante los mismos. Por otro lado; ya sabíamos que las imágenes nos iban a llegar con un retardo provocado por la censura de la televisión gubernamental China. Pero, además, ahora; se debe pedir un permiso para grabar imágenes veinticuatro horas antes. ¡Mas censura; que te crió...!
Finalmente; la guinda la pone el COI, aplicando el punto tres de la norma cincuenta, en la que se prohibirá a todos los deportistas que puedan hablar de temas políticos, religiosos o étnicos, so pena de expulsión de la Villa Olímpica y retirada de la acreditación deportiva. Vamos; que, por ejemplo, usted va correr los cien metros, a jugar al tenis o fútbol o baloncesto; pero no se le ocurra decir nada si, a su lado, cuando está calentando, le pegan un culatazo a un reivindicativo vecino que se manifiesta por que le hayan derribado su vivienda para alojar a la élite del deporte mundial. Suerte que yo, este año, no hice la mínima en la prueba de cien lisos; si no, conociéndome, vendría para casa antes de poder ponerme en los tacos de salida.

Heri Gutiérrez García

martes, 5 de agosto de 2008

Delante de la iglesia de San Juan en Alba de Tormes


Yo mismo, en una foto de Diana López, con quien tanto quiero.

Leopoldo Alas

A Leopoldo Alas los amigos le queríamos muchísimo, y eso que, pese a ser una persona encantadora, no era de nadie. Le queríamos muchísimo, seguramente, por eso, por su libertad e independencia verdaderas, y era tanto lo que le queríamos que se trataba de verdadero amor, ese que se compone básicamente, a partes iguales, de admiración y de compasión. Leopoldo Alas tenía 45 años hace un mes y medio, los aleves 45 años del chiquillo que era, cuando una neumonía le derribó de súbito y le encerró en la uci hospitalaria de la que ya no habría de salir. Tenía 45 años, esto es, la edad a la que iniciar la obra valiosa y singularísima que a causa de su perenne juventud, ávida de acción y de vida, había ido aplazando, posponiendo, adelantando sólo un poco de ella en radios, periódicos y revistas que, lamentablemente, o nunca se percataron de su talento, o sí se percataron y por eso le pagaban tan mal. El escritor y periodista Leopoldo Alas, al que los obituarios de urgencia atribuían como casi único mérito profesional algunos libros que pocos entendieron y el programa que hacía desde hace cuatro años en RNE sobre el mundo homosexual, era mucho más que eso, y, desde luego, mucho más que un gay ilustrado. Era un hombre culto, un espíritu burlón y refinado, un alma sensible, un poeta de fundamento, un columnista valiente y, habrá que remarcarlo por la rareza de la cualidad en estos tiempos, un tipo digno, naturalmente sin alardes ningunos. Leopoldo Alas, que abominaba y se escondía de las navajas del mundillo literario y del periodístico, y que a causa de ello se hallaba marginado de ambos, era un chaval maravilloso y ahora es una gran pérdida para la sociedad española, aunque a esta ni le importe ni lo sepa. Los amigos le queríamos muchísimo, pero sólo desde el viernes, por su ausencia total, sabemos con exactitud cuánto le queríamos.

RAFAEL TORRES en La Nueva España

domingo, 3 de agosto de 2008

Canción de metal por las calles de París, 1983


Soñábamos, adolescentes, por las calles de París aquel verano, cuando nos topamos con un tipo pelirrojo y gafudo que miraba un plano de la ciudad justo por el lado contrario de aquél en el que estábamos, porque, para ser de Pittsburgh -como Howard nos dijo más tarde- lo cierto es que parecía un poco paleto. Pero nos cayó bien y lo adoptamos y, de camino al albergue juvenil, nos contó que era fotógrafo y que quería ver la Torre Eiffel.
El albergue de Jules Ferry conservaba el aspecto hortera y un poco triste del burdel que había sido hasta pocas semanas antes, porque el empapelado y la visera exterior recordaban mucho a los que yo había visto en las películas de Godard. Compartiríamos dormitorio con un holandés del que hablaré luego, con un inglés del que prefiero no hablar, y con Sam, un chaval simpático y un tanto narigudo que era natural de Tel Aviv.
Luego de las presentaciones, solicitó Howard nuestra ayuda para ir a ver la Torre Eiffel, así que, inocentes, pues tal vez pensamos que las distancias parisinas iban a ser como las de Sama de Langreo, decidimos partir. El caso es que cuando, emergiendo del esmog, apareció la silueta del bello armatoste de hierro, ya llevábamos horas caminando, por lo que resolvimos dar la vuelta y consolar al amigo americano con la promesa de ir otro día en el metro, sin saber que Howard no tardaría en dejarnos por Sam (“chicas, chicas”, decía éste en la media docena de idiomas que sabía).
Cuando, al fin, asomando por detrás de los edificios, hallamos aquella estructura demencial, a mi mente de crío la impresionaron dos cosas. Una: la Torre era de un color gris luminoso y emergente que se recortaba contra el cielo; sin embargo, siempre me la había imaginado, quizás por contraluces, por sombras aparecidas en las fotografías, de color negro. Dos: la Torre emitía como un zumbido, un inmenso cántico de metal, constante, ululante, fantasmal, que le daba la apariencia de un ser vivo, pero estático y monstruoso. Desde arriba vimos París desparramado a nuestros pies. Chaillot detrás, delante el Campo de Marte, y más al fondo, entre la bruma, la Torre de Montparnasse. A la izquierda, como un río de lava solidificada, los Campos Elíseos, y, a la derecha, otro dédalo de calles que hacían desembocar la vista hacia Boulogne-Billancourt y las afueras. Había que respirar hondo porque, aunque aquello era un reclamo para turistas, le daba, por fin, término al sueño de la adolescencia, mientras, muy cerca también, sentía latir los apócrifos corazones con que el gran Víctor Hugo regalara a Jean Valjean o a la gitana Esmeralda un ya lejano día del siglo XIX.
Una noche, después de pasear con Sam y con Howard, que, por cierto, nos enterneció mucho cuando se puso a llorar ante la embajada norteamericana, pues fue todo un espectáculo ver a aquel mocetón, feo y desaliñado, sorberse las lágrimas que resbalaban por la tupida barba roja, nuestro amigo el holandés hizo un poco de circo. Nada más llegar al dormitorio salió por el balcón y trató de colarse en el de unas alemanas, pero acabó sentado en la visera, sobre la puerta de entrada, sonriente y un tanto bobalicón, pues no le habían dejado entrar. El albergue tenía un portero muy mal encarado que acabó por hacernos trocar las lágrimas de Howard en carcajadas cuando, desde la calle y con gran antipatía, le gruñó al de la visera: “Quítate de ahí, mequetrefe, o te echo del albergue”.
Qué pocos días para un pedazo de eternidad. París había obrado el hechizo, y aquellas calles llenas de esplendor: artistas, músicos, malabaristas, las lecturas en el Jardín de Luxemburgo, los paseos por el Barrio Latino, las gárgolas reales de Notre Dame, la visita a aquella tienda de la ‘bande desiné’, las fotos en blanco y negro, los puentes, una partida en la máquina de un bar oscuro perdido en el bulevar, la consabida peregrinación a la tumba de Jim Morrison en Père Lachaise, la rué Jules Verne donde se rodó “El último tango”, el rechinante colorido pálido del Sacre Coeur a la luz del atardecer con sus escaleras inmensas llenas de jóvenes tan jóvenes como nosotros en aquel verano del 83 tocando la guitarra, las revueltas por las callejuelas adoquinadas del 68, pintores exponiendo su arte rancio y cansino, restaurantes de velitas seguramente tan caros, la fachada pinturera del Molin Rouge… tal vez habían logrado el sortilegio, y que el adolescente dejara dentro de aquel sueño sus sueños de niño, para ganar, así, los sueños reales del adulto que, como la Torre, comenzaba a emerger entre el esmog de la vida.
Eran las diez cuando nos pusimos a hacer autostop en la salida norte. Muy pronto, al paso de un descapotable lleno de nenes bien, todos los que estábamos en la nutrida cola de autostopistas comenzamos a estornudar ruidosamente, pues se ve que hay cabrones en todas partes, incluso en los sueños. Pero le quitamos importancia, porque enseguida subimos a un GS rojo que nos dejó en el centro de Bruselas.
Eternamente reñirán en mi memoria el bobo de la visera y el enojado conserje, mientras Sam sigue buscando a sus chicas. En cuanto a Howard, aún conservo su dirección en Pittsburgh, pero nunca más supe de él. Ni siquiera llegué a pedirle copias de las muchas fotos que nos hizo.
TEXTO: FRANCISCO J. LAURIÑO


La imagen del cementerio de Père-Lachaise está tomada de www.astrored.org

Fallece a los 46 años el escritor y periodista Leopoldo Alas




Leopoldo Alas Mínguez. PÚBLICO.ES - Madrid - 01/08/2008 16:49
El escritor y periodista Leopoldo Alas Mínguez, biznieto del autor decimonónico Leopoldo Alas Clarín, ha fallecido este viernes en un hospital de Madrid a consecuencia de una infección pulmonar por la que llevaba ingresado mes y medio en la UCI, según informa el diario El Mundo.
Alas, de apenas 46 años (nació en La Rioja, en 1962), era colaborador habitual del mencionado diario. Licenciado en Filología Italiana, cultivó prácticamente todos los géneros literarios, debutando como escritor en 1981 con el volumen de cuentos África entera tocando el tam tam. Su último libro publicado, en 2007, fue el poemario Concierto del desorden.
Entre 1987 y 1992 dirigió la revista de poesía Signos. Desde 1986 ha colaborado como articulista en diferentes revistas y periódicos, y desde 2004 dirigía el programa Entiendas o no entiendas de Radio 5, en Radio Nacional de España, dedicado a fomentar la aceptación de las distintas tendencias sexuales. También ha colaborado en las revistas Shangay y Zero.