A grosso modo, son más de cinco millones doscientos cincuenta mil – 5.256.000 con todas sus cifras -, unos trescientos treinta y cinco mil al mes, que serían catorce mil cuatrocientos al día, seiscientos a la hora, diez por minuto; o uno cada seis segundos, como los números de la OMS ( organización mundial de la salud) y varias ONGs han clamado y denunciado. Cifras que, de ser referidas a dinero ya se considerarían importantes; pero que desgraciadamente se corresponden al número de niños muertos en el mundo por inanición y hambre extrema. Y lo duro, lacerante y terriblemente dramático es que seguimos sin sentirnos mal; sin padecer un ardor en el estómago que nos haga imposible tragar una sola miga de pan. Como si nuestra prepotencia y egoísmo personales nos encerrasen en una torre de marfil, salvaguardándonos de todo mal; exactamente igual que el revolver que portaba la trabajadora del amor que recorría por la vida, a cuatro calles de aquella esquina, que cantaba el gran “Gato” Pérez.
Recientemente; se han dado esos datos, que lejos de reducirse, en los últimos años, se mantienen o crecen: Algo no hacemos bien; si de verdad nos importa el futuro del ser humano y no los musitamos solo con la boca pequeña, que también podría ser. A lo largo de la Historia, cientos de veces, los fuertes han cometido atropellos, desmanes y genocidios varios sobre los desamparados; usurpando sus recursos naturales, humanos y hasta el propio alma y espíritu soberano de la nación, si los tuviese. A cambio; Griegos, Romanos, Españoles, y otros imperios varios otorgaban su universal cultura, a modo de “Pax Romana” cercenando de raíz las propias, amparándose en “no sé qué” criterios de desarrollo mal entendido; cuanto menos, erróneamente utilizado o, en el peor de los casos y a mi juicio el más plausible, a nodo de delito contra el pueblo sobre el que se perpetran. Recordemos la forma de los países de África, a escuadra y cartabón, con las coordenadas de paralelos y meridianos como referente y sembrados de odio en sus orígenes al mezclar etnias, separar tribus y combinar filtros insolubles. Justificando con un falso paternalismo, el posterior protectorado de la metrópoli, con un lacónico “pobres, que mal han entendido los nuevos aires de progreso que les hemos regalado”. Yo digo; pobres, de espíritu, carentes de orígenes y horizontes, como un vagabundo al borde de la desesperación, somos nosotros, incapaces y pobres apátridas en un mundo global que se nos ha atragantado. Solo felices comparando con la flatulencia crónica del vecino, por que la nuestra se nos ha hecho terriblemente insoportable. Ajenos a la razón; lejos de cualquier puerto de circunstancias, y carentes de principios de humanidad. Mientras tanto; tantos millones de inocentes seguirán siendo la moneda de cambio de la prepotencia del mundo desarrollado, de la justicia de los señores de la guerra y “gudaris” de las buenas costumbres.
Y yo me pregunto mientras tanto; ¿para cuando una manifestación en la Castellana, en defensa de los que no tienen quien les defienda...? Como siempre; y mientras podamos, queridos amigos y lectores permitidme que este artículo lo cierre un poco más triste. Pensando en los desaparecidos por la falta de un reparto justo y razonable. Porque, no os dejéis engañar; hay tarta pa toos en esti mundo, Lo bueno sería que se repartiese bien. Mientras tanto y como siempre; Carpe diem, amigos.
Heri Gutiérrez García