Los Juegos Olímpicos, de 2008, a celebrar en Pekín, han estado mellados, desde antes de su inicio, por cuestiones políticas, y críticas contra la ausencia de Libertad y de garantías Democráticas en el país organizador, China. Recordemos que, obviando ya el tema del Tibet, todos los años se consuman más de dos mil ejecuciones públicas, no hay partidos políticos y la Comisión de los Derechos Humanos tiene al gigante asiático en su punto de mira. La gran cita, que se celebra cada cuatro años, el gran circo deportivo que es, parece ver raídas sus lonas y podridas sus jaulas, con el consiguiente riesgo de que las fieras se escapen y nos den un disgusto. Elegir una nación como sede para su organización debe ser una concienzuda labor, donde los que recapacitan para su nombramiento no pueden sucumbir ante cuestiones mercantilistas, políticas o del poder fáctico de ciertos grupos. Recordemos que los Juegos de Atlanta fueron “ganados” por y para la marca de la “chispa de la vida”.
Para un deportista; y aquí se desparrama y emociona la gran parte de mi ser que lo es; participar, en una edición, es el sumun de su actividad; de toda una vida y el sueño más buscado; por ello se “machacan”, horas y años, durante la Olimpiada, o periodo que separa cada edición de Juegos Olímpicos. De ahí que sea difícil que puedan “apreciar”, en la mayor parte de los casos, cuestiones ajenas al deporte. Recuerdo, por el contrario, una frase de Maradona, criticando la elección de ciertos entornos como sedes de campeonatos deportivos diversos. En ella, “el pelusa” ponía el ejemplo de, en sus palabras “el flaco” Cruyff, que no había querido participar en el mundial de Argentina con el régimen dictatorial y militar de Videla. Aunque por aquella, el joven Diego, no pudo entenderlo. Pero un deportista, sobretodo, es una persona que debe comprometerse con lo social y políticamente justo, por que estamos vivos; no ceñirse a ser una marioneta en manos de sus propios gobiernos, que vetan o participan en las distintas ediciones, según sus intereses. No en vano; algunos son nombrados embajadores de Naciones Unidas, UNICEF, Premios Príncipe e Asturias o Nobel. Y deben desarrollar este valor añadido hasta el extremo; siendo coherentes con el compromiso de desarrollo humano y, aunque nos cueste, intentando poner coto a este desenfreno abismal que se cierne sobre todos los ámbitos por los que campa el ser humano. Salvo que todo esto solo sea una sencilla campaña de marketing; orquestada para vender más o ganar adeptos entre los países pobres. Claro; es muy difícil que un deportista anónimo, de un país perdido en los atlas del subdesarrollo, pueda individualmente hacer algo; pero seguro que si todas las primeras espadas, del deporte mundial, se plantan ante las injusticias, el equilibrio mundial, comenzaría a gestarse. Si no, seguirán produciéndose desmanes, despropósitos y violaciones contra las personas y la soberanía internacional; a la vez que idearemos bastardos parches que maquillen sus nefastos resultados, temporalmente.
Como, a pocos días del comienzo de los presentes Juegos, la prensa internacional desembarcada, en Pekín, ha rebotado información e imágenes, a espuertas; el gobierno central dotará de compañía militar a los periodistas y comunicadores varios durante los mismos. Por otro lado; ya sabíamos que las imágenes nos iban a llegar con un retardo provocado por la censura de la televisión gubernamental China. Pero, además, ahora; se debe pedir un permiso para grabar imágenes veinticuatro horas antes. ¡Mas censura; que te crió...!
Finalmente; la guinda la pone el COI, aplicando el punto tres de la norma cincuenta, en la que se prohibirá a todos los deportistas que puedan hablar de temas políticos, religiosos o étnicos, so pena de expulsión de la Villa Olímpica y retirada de la acreditación deportiva. Vamos; que, por ejemplo, usted va correr los cien metros, a jugar al tenis o fútbol o baloncesto; pero no se le ocurra decir nada si, a su lado, cuando está calentando, le pegan un culatazo a un reivindicativo vecino que se manifiesta por que le hayan derribado su vivienda para alojar a la élite del deporte mundial. Suerte que yo, este año, no hice la mínima en la prueba de cien lisos; si no, conociéndome, vendría para casa antes de poder ponerme en los tacos de salida.
Heri Gutiérrez García
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