Aquel hombre llevaba dos meses en coma, en principio irreversible; pero afortunadamente su grandeza humana y fuerza vital tornaron el cruel y aciago sino que se barruntaba sobre su alma, amenazaba de muerte su existencia y proponía sumir en un profundo y desesperado dolor a todos los suyos. Me refiero a Jesús Neira; quien por razones del destino, se encontró en lugar y momento, que a modo de encrucijada, le exigió refrendar sus más firmes y nobles principios y, de tal guisa, tener que poner en juego su vida defendiendo a una joven de la sinrazón y maltrato de su pareja; por el momento, presunto agresor.
Durante ese tiempo me mantuve callado; no quería que mis líneas en este medio de comunicación resultaran o pudiesen parecer oportunistas, ni mucho menos tildadas de “amarillas”. Pero cuando Neira comienza a despertar, de la peor de sus pesadillas, me decido a escribir, y dedicarle, esta columna. Por las mismas razones del destino, que antes cité, La Escuela de Protocolo y Esne, centros en los que imparto docencia en Oviedo, se encuentran adscritos a la Universidad Camilo José Cela; la misma en la que es profesor Jesús. Luego, de alguna manera, puedo considerarlo como compañero y, si cabe, sentir aún más su desgracia, a la vez que el orgullo de tan valerosa actuación, chapadas ambas sensaciones entre si como si de las dos caras de una moneda se tratase. No solo la labor profesional nos une; creo humildemente, que comparto los principios y valores que le hicieron actuar así; aunque no sé si otros, en similar situación, seríamos capaces de arriesgar tanto, ante alguien que se encuentra fuera de si, como poseído, y en un paroxismo cuasicriminal, contra un semejante. Mucho se jugó; si. ¡Y de que manera...! Pero solo de proposiciones tales, puede surgir un razonamiento social, capaz de desarrollar nuevos principios que supongan alcanzar horizontes de libertad, igualdad y Democracia.
Nadie, por ser más fuerte que otros, por “mear” de pie, o por tener que afeitarse todas las mañanas, puede ejercer su voluntad contra los demás. Tampoco es lícito permitir que alguien se apropie de los bienes del prójimo, de su sudor, ni mucho menos de su vida; aunque crea que por ser su cónyuge, padre, amante o valedor lo tiene a libre disposición. Por que queridos amigos, un país que se considera desarrollado no puede cometer el pecado de presentar un saldo deudor de más de cien victimas mortales al año, por violencia de género; ni el desliz de miles de personas buscando sobrevivir, en un precario escondite, amparándose en las leyes de alejamiento y bajo los parcos y débiles metros de separación dictada, como quien, en un océano embravecido, se amarra a un salvavidas de plástico. Si algo nos diferencia de los primates superiores es, al menos, la capacidad de razonar, que se nos supone, la posibilidad de entender al prójimo y permitirle que se desarrolle socialmente como persona, aunque piense distinto a nosotros o tenga otro color de piel. Solo así podremos crecer individualmente y, por ende, como sociedad.
No debemos tampoco criticar y hacer sangre de la actuación poco valiente de la chica a la que Jesús defendió. Aunque ella misma debería recapacitar sobre otra cosa bien distinta, ésta si reprobable, que es la turné seguida por las distintas televisiones intentando hacer caja. Fuera de esta segunda actuación, bien incentivada y lubricada por los euros de casi todas las cadenas, pensemos que esta mujer puede encontrarse, y seguramente lo estará, sumida en un desequilibrio emocional, acentuado por el miedo a quien, según sus propias palabras, tiene un temperamento muy fuerte. No nos olvidemos que el “Síndrome de Estocolmo” existe ciertamente; como también es real la dependencia sicológica y física que las personas maltratadas tienen hacia su perturbador; por que las hacen sentirse desnudas, sin valor y como un excremento, incapaces de sobrevivir y llevar el día a día sin la dirección del vampiro que las desangra. Así de duro, terriblemente descarnado y usual. Seguro que todos conocemos, por desgracia, un puñado de personas en situaciones parecidas. Y esto debe terminar No podemos seguir considerando las actuaciones de héroes, como Jesús, algo raro y a destacar. Lo lógico y deseacble, en el siglo XXI, sería que no se diesen casos así. Pero mientras tanto, y aunque sigo siendo un soñador utópico que espera el advenimiento de la razón a la cultura social humana, permitidme dar en el nombre de todas aquellas personas bien nacidas un gran abrazo al profesor Neira. Vapor ti, Jesús.
Heri Gutiérrez García
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