jueves, 20 de marzo de 2008

LA TEORÍA DE LA FELICIDAD

En un reciente informe sobre satisfacción, realizado por la empresa Coca – cola; si la de "la chispa de la vida", en colaboración con el economista y científico catalán Eduardo Punset, se demuestra algo que todos los que vivimos en esta "tierrina", verde y negra, suponíamos hace años. Los resultados finales se presentan por comunidades autónomas, edades y género. Pero, a mi juicio, queda un poco cojo, al no profundizar en la esencia de lo que entendemos por felicidad y los modos de vida que la potencian, quedándose solo en verificar chapa y pintura.
Quizás la falta de, digamos, rigor científico, en su elaboración, y por ello de valor real en resultados, haya sido debida, precisamente, a la participación de la marca de Atlanta. Es decir por formar, este informe, parte de su actuación corporativa o de promoción de empresa. ¡Mejor hubiese sido dejar solos a Punset y sus muchachos...! Por cierto quisiera reivindicar un mejor horario para el programa "Redes", al que la 2 destierra, los domingos "de madrugá".
Pero volvamos al estudio. Se supone que ser catalán, navarrico, aragonés o extremeño, tener trabajo, pareja y estar comprendido en la franja de los 25 y 35 años de edad, da más felicidad. Y que las mujeres son más felices. Además se analiza la actividad sexual y el sueldo como caracteres secundarios, que aportan alegría a la vida.
Bien hasta aquí; pero aunque éste es un ejemplo claro de análisis cualitativo, donde es imposible valorar numéricamente el atributo medido, a nadie se le escapa que se puede admitir franjas como: muy, algo, poco o nada feliz.
De esta manera se podría poner en valor la pirámide de necesidades de Maslow, en cuya cumbre estaría la autorrealización personal, tas escasa en Asturias. Y también incluir la reflexión de Herzberg sobre los factores de mantenimiento, cuya ausencia causa insatisfacción, y los de motivación cuya presencia estimula a las personas.
Con todo esto; y sin ser psicólogo, me atrevo a decir que en nuestra región, a parte de presentarse, a simple vista, realidades económico sociales, como el proceso de innovación industrial no finalizado, desempleo, trabajo precario, bajos sueldos, etc. Hay ausencia de refuerzos positivos que premien, hábitos o modelos de vida capaces de generar autoestima y quizás exceso de negativos, que posiblemente aparezcan de manera espontánea, sin que nadie los haya planeado, que implican reducción de felicidad y desmotivación.
Por mi profesión; creo que todos los sistemas de motivación que se dan en el mundo de la empresa, son susceptibles de aplicar en la sociedad; y a viceversa. No podemos olvidar que aquéllas están formadas por trabajadores, que son personas. Además, las corporaciones que más claro tienen esa premisa, son las capaces y con índices de competitividad superiores. Solo de la autoestima bien desarrollada y el profundo conocimiento propio pueden surgir comportamientos capaces de generar sinergias sociales que desarrollen los países. Por que, no olvidemos, que en éstos, como en las empresas, lo más importante son las personas y su salubridad física y mental.
Carpe diem; amigos. Heri

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