Porque uno de los mejores escritores y hombre de Cultura, hispana y mundial, ha muerto. Miguel Delibes, un maestro con letras mayúsculas, en toda la extensión de su palabra y significado, nos ha dejado Áquel que empezó, como los elegidos, ganando el premio Nadal en 1947, con “La sombra del ciprés es alargada” y que con posteriores obras maestras - quién puede olvidar “Los santos inocentes”, “Viejas historias de Castilla la Vieja”, “El disputado voto del Sr. Cayo”, “El hereje” o su última reflexión, en compañía de su hijo “La tierra herida: ¿ Qué mundo heredarán nuestros hijos? - consiguió dar a conocer un modo de vida, el rural español, que se había visto olvidado y postergado por el industrialismo reciente en los dos últimos siglos. Como si quisiese demostrarnos que en el campo, en el “ruris”, está la representatividad de la vida cierta; casi como comentaban los Fisiócratas y su “ Tableau Economique” donde analizaban la sociedad y la segregaban en la clase productiva (los agricultores), la estéril (los artesanos y comerciantes) y los propietarios (la nobleza, el clero y los funcionarios), allá en la Francia de mediados del siglo XVIII. Parece que, a pesar de que el tiempo corre raudo e insensible, las cosas tornan poco. Pero volviendo a Don Miguel; decir que él, además de reivindicar una realidad, la del campo, fue capaz de analizarla y denunciar, con su fino estilo y prosa sin parangón, las injusticias de un sistema socioeconómico podre, el del “señoritismo español” que había convivido durante siglos al lado de la nobleza y clero impidiendo que, entre otras, la reforma agraria, a modo de desamortizaciones, modernizase la España profunda y nos montase en el primer tren rápido del mundo de desarrollo. Por cierto varios llevamos perdidos ya; ¿eh?. El mismo sistema que se dio la mano al régimen de final del siglos pasado que nos ayudó a sucumbir un poco más.
Pensando un poco; creo que todo aparece recogido en su obra, y surge solo con rebuscar en sus relatos, o al menos a mi me parece. Poco más puedo yo escribir con este, mi burdo estilo, a años luz del talón del suyo, para hacer un sencillo homenaje a su figura. A un currículo laureado con muchos premios literarios conseguidos, incluso en los años de la castradora censura, que se lanzó voraz contar su “ Aún es el día”, hay que añadir las menciones como doctor honoris causa, en varias Universidades, o las de hijo predilecto en algunas ciudades no falta el Premio Príncipe de Asturias de las letras en 1982. Solo le faltó, como al eterno aspirante, el Nobel de las Letras al que varias veces fue considerado serio aspirante. Pero esta injusticia no puede empañar la vida de uno de los mejores intelectuales de la Historia española reciente.
Quién se ha ido estos días; no puede ser olvidado, porque de ello depende el futuro de los que viene detrás. Aunque no haya jugado de libre en el Madrid o de delantero del Barça, ni marcas abdominales, de la mano de jóvenes dríades bronceadas en las portadas de la prensa rosa. Se fue un hombre de las Letras, pero su ejemplo debe quedar entre nosotros. De ello depende la existencia de lineas claras que nos rebelen contra lo que parece triste futuro y no posterguen a la Cultura en el ostracismo del olvido. Descanse en Paz; Don Miguel, sencillamente un escritor con todo lo que ello conlleva.
Heri Gutiérrez García.
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