viernes, 25 de marzo de 2011

¿QUIÉN ES EL CIVILIZADO...


...Y el salvaje? Os presento a Evans Pritchard, uno de los antropólogos que mas ha influido en esta divina ciencia, en el campo social y cultural. Estudió los pueblos “salvajes” para hacer inteligibles las creencias relativas a la magia, el ritual y sus prácticas tanto para sí como para sus lectores. Va mucho más lejos que la mayoría de sus predecesores al tratar de dar cuenta del sentido de las instituciones relativas a los temas anteriores tal y como se presentan en los Azande, tribu africana a la estudió y con la que convivió. Mientras que lo relativo a la magia y brujería en nuestra sociedad es algo relacionado con fenómenos supra – sensibles, imposibles de comprobación empírica, alejadas del sentido común que reina en los fenómenos de observación lógica, para los Azande es todo lo contrario; algo claramente detectable. Quién no caza con la misma destreza que solía, al que se le agría la dulce mezcla de leche y miel, o al que se le cae una rama de un árbol en la selva, sospechará que tiene un familiar o un amigo que le quiere mal y le ha embrujado. Para corroborarlo acude al “Oráculo del veneno”, institución que le convencerá de su certeza o error. Más o menos ocurre así; el “jefe del oráculo prepara una pasta mezclando polvo rojo y agua, una vez amasado se pasa a la segunda fase. El que acude aquejado de ese mal, ha de ir acompañado de uno de los mejores pollos de su granja, no para comérselo o pagarle al “chamán” sino para usarlo como testigo en ese ritual. El jefe abre la boca del ave y le hace tragar la pasta, mientras dice: “Oráculo del veneno si este azande esta hechizado por tal brujo, mata al pollo...” Se admiten diversas posibilidades y tipos de preguntas. Del empirismo – realidad contrastable - de las tragaderas del pollo depende la naturaleza del enfermo y de su mal.
De esta guisa; el brujo es castigado, casi siempre con un pago en ganado y muy pocas veces asesinado – ejecutado por orden del “oráculo”; quizás correrá tal suerte si es un individuo que reincida en su actitud criminal. Todo esto, para nosotros, civilizados occidentales es, cuanto menos, un bestialidad, nunca se nos ocurriría castigar o condenar a nadie que no haya tenido un juicio justo, con tribunal, leyes, jueces, fiscales, abogados y jurado, por supuesto. Pero claro, se nos escapa que muchas veces hay que “cubrirse el culo” ante situaciones que nos obligan a defendernos. El día del juicio llega cuando un malvado Muamar el Gadafi, “Sheriff” de Libia que, a lo largo de su dilatada existencia abrazó el comunismo, islamismo, socialismo o anticomunismo, periodo este que la OTAN aprovecho para alinearle en un trivote defensivo - a modo y manera como usa el “llorón” Mourinho - junto con Sadam y Bin Laden para poder frenar el avance del comunismo en Oriente. Pero cuando la efectividad del trío crece, cometen el imperdonable error de pedir más “pasta” por renovar la ficha, algo a lo que no esta dispuesto el Imperio y así se convierten en proscritos, con precio sobre sus cabezas. Aún recuerdo, no ha mucho, a Gadafi recorriendo Europa con su jaima de lona y oropel, séquito y próceres, instalado en jardines de palacios con la misma comodidad que un “troyano” en el alfeizar del disco duro de tu Pc. Pero el transcurso del tiempo solo nos garantiza que este pasa y todo cambia; lo que antes era seductor hoy es pecado, mañana relajante y el año próximo catártico. Y habiendo petróleo “pol” medio, ni te digo. Y en estas estamos, queriendo defender un pueblo, el Libio, a base de misiles “Tomahawk”, submarinos nucleares y superbombarderos varios. Ah! No...Qué me dicen los locos e irrespetuosos circuitos de mi cerebro qué eso no vale porque casi siempre mueren los mismos...! Me barrunto que el mismo pueblo al que queremos salvar. Cosas del fuego amigo, que dicen los yanquis. Y claro, mientras los pimpollos de las grandes instituciones internacionales decreten y cambien las normas, los pechos descubiertos de los escudos humanos que pululamos por las publicaciones que se desmelenan en occidente, solo somos unos ejemplares etnológicos sin más peligro biológico que una otoñal gripe de fin de semana. La humanidad se desangra por sus poros y nadie, que pueda, parece querer hacer nada por taponar las heridas. Y aunque haya veces que no queramos creérnoslo, la maldad esta ahí fuera. Mientras, como siempre, Carpe Diem.
Heri Gutiérrez García.

2 comentarios:

Sociedad de Diletantes, S.L. y Casilda García Archilla dijo...

Muy bueno. Sólo una pequeña corrección erúdita: a la gente de Libia se les llama libios. Los libaneses son los habitantes de Líbano (que saben mucho de guerras también)

Casimiro Palacios dijo...

Perdona se me pasó, porque el corrector de pruebas soy yo y no lo ví, gracias por la puntualización.