sábado, 5 de marzo de 2011

Los 70 a dest(ajo)


Título: Los 70 a destajo: Ajoblanco y libertad
Autor: José Ribas Sanpons
Editorial: RBA
Lugar y fecha: Barcelona, 2007
Páginas: 616
Precio: 24 €
Recomendación: comentario de Bernabé Sarabia sobre el libro de José Ribas aparecido en ojosdepapel.com.

Se puede leer una breve parte del libro en El Cultural (17-5-2007) y una entrevista a José Ribas en El Mundo.

«Mucho se ha escrito sobre la transición española, casi siempre desde el pragmatismo de los grupos que la pactaron, pocas veces desde la ingenuidad de quienes la soñamos diferente. Con paciencia de orfebre, durante siete años, he reconstruido las voces y cuanto vi desde el primer Ajoblanco para que tengas hoy una nueva versión de ese tramo de historia, lector de otro siglo, con la esperanza de convencerte de que un mundo mejor fue y sigue siendo posible. Es éste también un homenaje a los cadáveres que dejó dicho tránsito. Personas, ideas, obras, vivencias, proyectos, que brillaron con intensidad y fueron a parar a diferentes funerarias, o perviven entre escombros huérfanos de práctica. Algunas de aquellas acciones no debieron ser desarmadas, pues en ellas estaba el germen de una sociedad libre y solidaria que no hemos conocido.» José Ribas .

El franquismo empezó a desaparecer antes de la muerte del dictador. Una generación rebelde, en sintonía con la ola de liberación que sacudía Occidente, buscó nuevas formas de relacionarse, de hacer política, de divertirse y de crear. Fueron los años de la contracultura, de las comunas, del extremismo político, la edad de oro del cómic adulto y de la música de vanguardia y del mestizaje. Este libro son las memorias de uno de los artífices de aquellos años irrepetibles, José Ribas, y la crónica al mismo tiempo de la revista que creó y de la que fue editor, Ajoblanco .

Pepe Ribas cuenta la historia del ascenso de aquella utopía y de su fracaso, de muchas vidas entrecruzadas: Quim Monzó, Luis Racionero, Mariscal, Nazario, Agustín García Calvo, el grupo sevillano Smash, Canet Rock, la gauche divine, El Joglars y Els Comediants, Ocaña, Burning, Terenci Moix, Moncho Alpuente, Salvador Pániker, Ceesepe, Pau Riba...

De la reseña escrita por José Manuel Costa para el ABCD las Artes y las Letras (14-7-2007), titulada Un pasado sin fecha de caducidad, hemos seleccionado las siguientes líneas:

Hay libros que deben ser escritos. Y uno que trate sobre la peripecia de un joven progresista en la Barcelona de los 70, sobre el ambiente de libertad y creación que se respiró en esa ciudad durante unos años y sobre una de las revistas que lograron encapsular el espíritu de aquel tiempo, pertenece de lleno a esa necesidad.

(...)

Los 70 a destajo es un recorrido que entrelaza los tres cabos descritos al principio. Uno de ellos es el trayecto subjetivo de un joven de buena familia catalana destinado a ser un abogado de éxito (no es complicado imaginar a Pepe argumentando con pasión en un juicio) hasta convertirse a sí mismo en un ser tan nativo como la realidad que intuía posible y que él deseaba alcanzar como participante activo. Esa transformación pasaba por muchas cosas que entonces eran casi ritos de paso y hoy ya no suponen tanta ruptura. Son la bisexualidad, las drogas (mucho menos protagonistas de lo que algunos desean imaginar), determinadas lecturas malditas, según qué huidas al hippysmo ibicenco o al gitaneo underground andaluz, la búsqueda de un proletariado con el que solidarizarse... Si algo queda claro es que el autor posee una vitalidad y un ansia de conocimiento quizás desorbitadas, pero que eran el tono dominante entre la juventud del tardofranquismo, aquella que se negaba a perpetuar el gris espiritual que emanaba del Valle de los Caídos o de los uniformes de la Policía Nacional. Pero también, y el libro lo repite, la negación casi visceral de ese marxismo de vía estrecha que intentaba imponer verdades a ritmo de centralismo democrático.

El segundo cabo, más extrovertido, describe un paisaje de nativa política y cultural, de cambio social radical que Pepe Ribas (...) creyó posible. Y no solo por un momento, como la mayoría, sino como una perspectiva por la que merecía la pena luchar. Una lucha no solo circunscrita a las Ramblas, al Ampurdán o al Maresme, como pretendían algunos de sus mismos compañeros, sino extendida a toda España y en alianza con las que estaban desarrollando los Provos holandeses, los Radicales o los Indios Metropolitanos italianos, los aún balbuceantes Verdes alemanes...

Este aspecto de la cuestión es interiorizado por Ribas con una lúcida ingenuidad tan conmovedora como determinada. Pensar que el fracaso de una nativa libertaria se debió sobre todo a confabulaciones en pinza de la izquierda marxista y los reformistas franquistas que pululaban por la Universidad y el Gobierno Civil de Barcelona, es ignorar bastante de la situación anímica real de la población y del contexto geopolítico internacional donde se iba a producir la Transición democrática española. Pero es que el pensamiento de Ribas era y permanece descarnadamente utópico, y aunque uno pudiera leer entonces y relea ahora sus proclamas con un escepticismo cálido, el cuadro que pinta era tan sugestivo, tan imbuido de creencia, que no podía ni puede dejar de inspirar a muchos para buscar su propia nativa.

(...)

...tal vez sea más importante finalizar con un par de notas.

La primera, explicar que Los 70 a destajo. no solo está bien y apasionadamente escrito y ofrece una mirada única sobre los acontecimientos, sino que constituye desde ya mismo una referencia obligada para cualquier estudio de la época. La segunda, más importante, es que estas memorias no están pensadas para refocilarse en la nostalgia, más o menos vicaria, de una juventud que hoy ya tiene nietos. Como todo buen libro, este echa a volar por encima de su propia anécdota y muestra el espíritu de Pepe Ribas y el de aquellos años, confusos y esperanzados, como un ejemplo intemporal de que vale la pena pelear por algo. De que hay pasados sin fecha de caducidad.

Fuente http://www.ojosdepapel.com/Blogs/ojosdepapel/Blog/Jose-Ribas-Los-70-a-destajo-Ajoblanco-y-libertad-RBA-2007

martes, 1 de marzo de 2011

"La Culebra Pico de ORO"

El día 9 de marzo en el Teatro Pumarín de Oviedo a las 19:30 tendrá lugar una representación de teatro a cargo del grupo de teatro UIS de la Universidad Industrial de Santander (Colombia). El objetivo del evento es recaudar material escolar para enviar a los niños colombianos así que ese será el "precio" de la entrada (unos cuadernos, unos lápices, alguna goma de borrar...). La obra se llama La Culebra Pico de Oro y también se representará el 10 de marzo a las 19:30 en la Casa de la cultura de Pola de Siero. A ver si os animáis a ir y/o contribuir a divulgarlo. Un saludo.

Gonbidapena


lunes, 28 de febrero de 2011

LA ESTÉTICA DEL DEPREDADOR


No hay nada más grácil, plástico y armonioso que ver a un guepardo, en plena actividad cazadora y, si es a cámara lenta, casi hipnótico y en los límites del paroxismo. Pero todo Yin tiene su Yang, como cada hoja, de árbol o navaja, su haz y envés... y así si el félido no pilla bocado en cien metros se agarrota y extenuado pasa a ser presa fácil de cualquier otro cazador de la sabana. Esta breve semblanza, a modo de documental de “La 2”, me sirve para introducir el planteamiento de la presente columna, que quiero versar sobre lo que, allá por los ochenta, trovaban Germán Coppini y sus “Golpes Bajos”, y que era algo así como “...Malos tiempos para la Lírica...”
Pues a por ello, que aún no siendo gerundio, implica igualmente deseo de acción y capacidad. El tocayo, Herbert Spencer, antropólogo evolucionista social, con todo lo peligroso y reaccionario que ello supone – ser evolucionista, no tocayo mío, por cierto – decía que en las sociedades reinaba la misma ley que en la selva. Es decir los coyotes se comen a las cebras y antílopes, pero deben andarse “al loro” porque a su vera pululan leones hambrientos, sin olvidar a las jocosas hienas...Este razonamiento de fauna social, se convierte en xenófobo cuando promulga algo similar a la estratificación de razas, condiciones genéticas y “cientifismos” alocados y de imposible justificación, como se comprobó empíricamente desde la segunda mitad del siglo XX. Pero cuando la antropología posmoderna, humanista, comprometida y social, parecía que tenía muchas cosas que decir, a años luz de los “carcas” planteamientos de Spencer, la Globalización nos tiró a todos del andamio, para deslocalizarnos el trabajo, la vida, los valores y el alma. Surge, de su mano, un periodo cavernario, similar al de Neolítico, donde el aguerrido depredador social se pasea, cachiporra en mano, buscando carne humana tierna y fresca, por las calles de la city y los platós de las televisiones, entre otros entornos ecológicos varios. Tanto que su estética, lejos de ser amedrentada, se anhela por pipiolos barbilampiños, princesitas de papel couché y desgraciadamente por sus versiones anteriores, más deterioradas y con patas de gallo, que ya sobrepasan la treintena. Triunfa un espécimen de porte soleado, altanero, hermoso y fresco como un repollo, pero vacío y vano por dentro, revocado cien mil veces con ralladura de harina y mortero, que gusta gozar del valor, fulgente pero caduco, que da la cama compartida con famosos varios, la foto o el renglón atávico de cualquier plumilla oportunista. Es de entender que el Juez de menores Calatayud, se acuerde del Defensor del Pueblo, como él dice, al ver cualquier cadena de Tv.
Una sociedad que ya no valora el saber abstracto que confiere la cualificación y el estudio de cualquier tipo – porque eso cuesta y gasta neuronas, que escasean y hacen falta para otras cosas -, donde un alumno, apuntes en mano, es tan osado de acometer en un revisión de exámenes una calificación inferior a tres puntos, porque la Ley se lo permite, bajo el amparo de indefensión manifiesta, hacerlo. Lo mismo que si cualquier enfermo acudiese a la consulta de su galeno de cabecera con el Vademecum, bajo el brazo, para cuestionarle sobre sus saberes profesionales. Donde la mejor imagen del país desgraciadamente no cae del lado de quienes debieran. Y para ejemplo los programas electorales, que me planteo si existen más allá del descrédito al rival y del adhesivo imantado que enfunda a los candidatos cuando se suben a los escenarios y parapetan tras los atriles. ¿Cuánto hace que nadie te seduce, primo, con un programa ilusionante sin necesidad de acordarse de la familia “política” contraria...?. Porque en esta patata achatada por los polos, hay un convenio colectivo para toda la humanidad, sin vencedores, vencidos, ni perrito que les ladre, donde por no haber, hasta lustra la ausencia de ideologías y valores más allá de unas presencias siniestramente atractivas, con curvas o bigote, “michelines” o perilla... No, si en el fondo a todos nos gustaría ser miembros del Club Bilderberg, o sea , los amos del mundo.


Heri Gutiérrez García